Pamela Marchant junto a su hermosa hija Amaya Herrera Marchant 

Comencé a trabajar el 20 de diciembre del año pasado en el intermedio neonatología del Hospital Clínico de la PUC. Cuando llegue, jamás imaginé que conocería a personas que afectarían de manera tan fuerte mi vida. La primera vez que entre a la sala...bastante nerviosa por lo demás, llamó de inmediato mi atención la incubadora en el cupo 8. De su interior, provenía un llanto único....por que se preguntarán....porque no era un llanto de pena....sino de rabia....de fuerza....cuando me acerque...dos ojos enormes fijaron su vista en los mios y me dijeron...tengo hambre, tengo calor, estoy incómoda, estoy sola.....pero no creas que voy a dejar de luchar. Terminó mi orientación y la enfermera me pidió que a la niña del cupo 8 no la atendiera aún porque era de alto riesgo y que ella prefería que lo hiciera cuando llevara más tiempo. Aunque las palabras "alto riesgo" son de temer en un hospital, no me podía aguantar las ganas de acercarme.....desobedecí....abrí las pequeñas ventanas redondas....y puse mi dedo en su mano....que era más grande que esta....mi otra mano tomo uno de sus pequeños pies...y algo maravilloso ocurrió....Amaya dejó de llorar...voltió su hermosa carita...y me dedicó una larga mirada. Un escalosfrío recorrió por mi espalda....fue lo más hermoso que me había pasado. Viví momentos intensos las primeras semanas....sentía como me hacía dependiente de ella y ella de mi. Luego todo fue aún mejor....conocí a Pamela y Antonio, sus padres. Es impresionante lo mucho que uno puede aprender sobre la vida cuando no se teme ser emocional. Cometí uno de los grandes "errores" en la salud...me involucré en exceso....hice parte de mi una situación que "no me correspondía"....¿quién habrá sido el estúpido que instauro semejante idea?. Como no hacer personal lo que se vive, como ser ajena a la incertidubre de Pamela o Antonio, como no acompañarlos en la alegría y la pena, como no sentir amor por Amaya cuando cuando se aferraba a mi cuello en la noche mientras la hacía dormir, como no querer tomarme un juguito con la Pame para bajar el stress de ambas, como no quererla a ella también. De no haber sido obstinada con mis ideas de "relación enfermera paciente" no me habría ido de ese servicio con nuevos amores en mi vida y con lecciones de vida que me acompañarán por siempre.
Pame, esto que escribo no es comparable con lo que siento por ti y tu familia, no describe lo importante que es Amaya para mi. Espero lograr organizar mi maldito y apretado tiempo y al fin irme a San Felipe, conocer a tus perros, tu casa, tu barrio, reírme mucho contigo, tomarnos un traguito y soñar con una Amaya grande que vuelve del colegio a contarte su dia.
Los quiero muchísimo a todos.